martes, 24 de noviembre de 2009

Hay grandes obras que lograron perforar la coyuntura de la circunstancia en la que fueron creadas, la particularidad de un tiempo o un lugar. Toda acción humana es política y por lo tanto también el arte, que es humano y es acción. De forma más o menos evidente, toda obra está preñada de la psicología del artista, del sello de su hora, de las circunstancias subjetivas u objetivas en las que se creó. Ninguna obra de arte es "inocente" o está al margen de la sociedad en cuyo seno vio la luz. Lleva consigo un discurso, más o menos claro o legible, que nos habla del artista, su tiempo,geografía y las instancias que le tocó vivir. Con más o menos genialidad el artista al pintar su alma "pinta su aldea". Hechos puntuales, obras universales Encargadas que recoger hechos punturales, hay obras de ayer que nos hablan hoy. Son textos con vigencia. Los fusileros que plasmó un Francisco Goya, en "Los Fusilamientos de la Moncloa" muestran, pecho expuesto a las balas y los brazos en cruz como citando a un Cristo, una víctima en el instante previo a encontrar la muerte. Bandos enfrentados, víctimas/victimarios, hombre a hombre. Atrás la iglesia calla, muda, mientras un cura no quiere ver.Cuerpos muertos, sangrantes, fusilados, en primer plano como cosas. Muertos por una "patria", una cualquiera. ¿Nos importa saber a qué jefe responden los fusiles, por qué bandera murió el que murió? El grito de Guernica se profirió para mostrar al mundo esa masacre. ¿Es necesario saber qué sucedió aquel día - en los treinta, en la población vizcaíana de Guernica- para leer el legado picassiano? ¿No es hoy Guernica en cada bomba, en cada Kabul, cada Bagdad? ¿Cuándo, cómo el artista conocido o ignorado, consigue perforar la coyuntura? ¿Cuándo resiste la obra múltiples lecturas hechas por un tiempo y otro tiempo posterior? Contar o no contar Despuntaba el siglo XX. Pablo Picasso, rompiendo con una tradición milenaria en el arte de Occidente, hace una obra "muda". Sus "Señoritas de Avignon" dejan de contarnos una historia. Su sintaxis es abstracta y tampoco buscan esas formar narrar nada en particular. Rompiendo con sus propias etapas Azul o Rosa, aquellas "señoritas" de un prostíbulo de la calle de Avignon, lucen en un lienzo de manera tal, que huelga en ellas toda referencia a su cuerpo, sensualidad, profesión o moral. "Las Señoritas de Avignon" son forma, son textura, son color, son relación figura y fondo. Son obra en sí misma, llevan al primer plano el instrumento plástico y dejan atrás la narración. Después de aquel prostíbulo, adviene medio siglo de arte abstracto, concreto, un arte que no pretende decirnos específicamente nada. Y así un ruso pinta un cuadrado blanco sobre otro cuadrado blanco - K. Malevich, "Blanco sobre Blanco" - y un holandés - Piet Mondrian - plasma barras horizontales y verticales de ángulos rectos que delimitan áreas de color rojo, amarillo o azul. Un argentino internacional - Lucio Fontana - hace un tajo y otro tajo en la superficie de sus lienzos. ¿Se podía ir más allá? ¿Se podía ser más abstracto que estos artistas abstractos? El arte moderno, en su gran mayoría, dejó atrás la narrativa. ¿Dejó de ser político, o hizo otra forma de política? ¿Definirse por la abstracción, no es acaso una decisión política?

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